Mandalas: una herramienta para el equilibrio personal

La Real Academia Española asegura que, en el budismo y el hinduismo, el mandala es un dibujo complejo y circular que representa simbólicamente el universo y sirve de ayuda para la meditación. En su centro suele aparecer representada una divinidad. La palabra, procedente del sánscrito, significa “círculo mágico”.

A mediados del siglo XX, el psiquiatra y fundador de la psicología analítica, Carl Gustav Jung, denominó a los mandalas como expresiones del inconsciente colectivo. Para Jung, el centro del mandala simboliza el “sí-mismo”, el cual el sujeto intenta perfeccionar durante el proceso de individuación.

Jung llegó a utilizar el tradicional mandala de la flor de loto en sus terapias. Incluso, a pacientes con sospecha de algún trastorno psicológico, les proponía crear sus propios diseños, con diversos grados de dificultad, para visualizar si existía una correlación entre estos y su estado emocional.

“Me resultó cada vez más claro que el mandala es el centro. Es el exponente de todos los caminos. Es el camino hacia el centro, hacia la individuación”.

— Carl Gustav Jung

El artículo del portal MundoPsicologos.com, titulado “11 Beneficios psicológicos de pintar mandalas”, señala que en la actualidad esta técnica se ha popularizado por sus múltiples aportes al bienestar sin importar la edad:

Ayuda a relajarse: La observación de figuras orgánicas o geométricas produce un efecto sereno que brinda calma. Al pintarlas, la respiración se acompasa y las pulsaciones bajan.

Mejora la concentración: Requiere enfocar la atención para respetar las líneas y seleccionar la paleta de colores.

Forma parte de la meditación: Sin importar el diseño, sean patrones geométricos o figuras de animales, la concentración relaja el cerebro de forma similar a la meditación tradicional, ayudando a desconectar del estrés.

Reduce los niveles de ansiedad: Diversos estudios demuestran que colorear estas estructuras reduce la ansiedad con mayor eficacia que pintar sobre otros soportes.

Descansa el hemisferio izquierdo (racional): Activa el hemisferio derecho, facilitando la expresión emocional. La elección de tonos no es casual; refleja el estado de ánimo y permite evaluar el sentir del momento.

Propicia la aceptación: Al identificar las emociones proyectadas, se cobra mayor conciencia del mundo interno. Esto facilita reflexionar sobre lo que sentimos y cómo abordar las situaciones personales.

Fomenta la creatividad: Diseñar o colorear estimula la combinación espacial de formas y tonos, despertando facetas creativas latentes.

Escribe REDACCIÓN REVISTA ETIQUETA