Ni el calor sofocante de la tarde logró detener a miles de visitantes que asistieron a Colinas de Bello Monte, en Baruta, para disfrutar la IV edición de CaminArte.
Durante nueve horas continuas, las calles Garcilazo, Cervantes, Miguel Ángel, Caurimare y Caroní sirvieron de escenarios para más de 600 artistas, quienes convirtieron la vía pública en sus talleres personales donde dejaron fluir sus talentos en medio de testigos presenciales.
Todo el recorrido de 2.7 kilómetros sirvió de vitrina para las distintas opciones gastronómicas, culturales, de moda y de buena música.


La experiencia fue variopinta. El olor a pintura fresca se mezcló con el aroma a comida; algunos escultores moldearon figuras en arcilla, mientras caricaturistas y pintores urbanos elaboraron sus mejores retratos. Niños, jóvenes y algunos adultos, con tiza en mano, tomaron el asfalto como lienzo para elaborar diferentes propuestas creativas.

La moda y el diseño también tuvieron su espacio a lo largo del trayecto, donde sus creadores mostraron desde piezas de ropa intervenidas hasta accesorios personalizados.
Para los más pequeños hubo actividades. Con colores, pinturas y caballetes, los consentidos de la casa crearon sus propias obras de arte.
La literatura también encontró su lugar en una miniferia del libro, un espacio dispuesto para el encuentro, el intercambio de textos y la comercialización de los mismos.




El ritmo también fue protagonista. En cinco tarimas se presentó música de distintos géneros que puso a bailar y corear a los adeptos de estas melodías. Ya en la noche, aumentó la multitud y el sonido siguió retumbando.


Hubo un gran cierre musical a cargo de la Dimensión Latina y la presentación de Andrés Mata. Por su parte, la de Tony Guerra rompió los esquemas del festival al transformar la fachada de un edificio residencial en un impresionante espectáculo de luces. Al ofrecer su set directamente desde la ventana de un apartamento hacia la multitud en la calle, el DJ venezolano regaló una de las puestas en escena más originales e impactantes del evento, consolidando el cierre de la jornada con pura innovación, arte urbano y música electrónica.



CaminArte demostró, una vez más, que la ciudad quiere encuentros como estos.
Escribe REDACCIÓN ETIQUETA







































