Durante siglos, la medicina ha sido una herramienta efectiva para tratar enfermedades, combatir infecciones y sanar heridas. La invención de vacunas, antibióticos y medicamentos ha permitido que la humanidad se proteja contra múltiples afecciones que antes eran incurables, como la tuberculosis o, más recientemente, la hepatitis C.
Sin embargo, todavía no existen fórmulas contra el cáncer, VIH o la malaria, y persisten enfermedades crónicas como el Alzheimer o la diabetes, de las cuales solo se han logrado controlar los síntomas, pero no la causa.
Ante este escenario, el Institute for Stem Cell and Regenerative Medicine (ISCRM), de la Universidad de Washington, asegura que la clave del cambio está en la medicina regenerativa. A diferencia de los tratamientos tradicionales, este campo busca sanar desde la raíz atacando las causas profundas de los padecimientos; su objetivo ya no es solo tratar al enfermo, sino restaurar la salud desde las células.

¿Qué es la medicina regenerativa?
El National Institutes of Health (NIH) la define como una combinación de biología e ingeniería cuya misión es desarrollar terapias para el cuerpo donde se han perdido células y tejidos, o donde un órgano ha sufrido daños graves.
En lugar de usar solo químicos, su propósito es reparar o reemplazar lo que está dañado aprovechando los mecanismos naturales del cuerpo, como las células madre. Estas tienen la capacidad única de replicarse y transformarse en células específicas de la piel, la sangre, el corazón o los músculos al recibir señales químicas del organismo.

Para estudiar estos procesos, los investigadores crean microórganos y modelos 3D cultivados en laboratorio. Según detalla el NIH, estas herramientas permiten observar cómo comienzan las enfermedades y cómo responden los órganos a nuevos fármacos sin involucrar a animales ni sujetos humanos, lo que resulta en un enfoque más ético, eficiente y rentable para el descubrimiento de medicinas.
El instituto ratifica que el objetivo final es aprovechar esta capacidad regenerativa para que los órganos vuelvan a funcionar como si fueran nuevos. En lugar de solo administrar fármacos para controlar los síntomas, como se hace actualmente en el Alzheimer, la diabetes o las cardiopatías, los científicos buscan estimular el crecimiento celular en lugares clave como el cerebro, el páncreas, el hígado, los riñones, los músculos, los ojos e incluso los oídos.
Avances
Estos son los campos en los que los científicos del ISCRM están más cerca de cambiar la vida de los pacientes:

Corazones que recuperan su fuerza: El equipo del Dr. Charles Murry utiliza células madre para crear células del músculo cardíaco (cardiomiocitos). Estas piezas nuevas tienen la capacidad de unirse a un corazón dañado y regenerar el tejido vivo. Es el primer paso real para que una persona que sufrió un infarto recupere su función cardíaca normal.
Fin de la dependencia de la insulina: En la lucha contra la diabetes, el objetivo ya no es solo inyectar insulina, sino que el cuerpo vuelva a fabricarla. El Dr. Vincenzo Cirulli busca activar el crecimiento de las células del páncreas responsables de esta hormona, mientras que la Dra. Laura Crisa estudia cómo fortalecer estas células en el laboratorio para luego trasplantarlas a los pacientes, eliminando la necesidad de tratamientos diarios.
Recuperar la visión: Uno de los logros más asombrosos viene del Laboratorio Reh. Los investigadores han logrado que células del ojo que no se encargan de ver (células gliales) se transformen en neuronas de la retina capaces de detectar la luz. Para lograrlo, utilizan organoides retinianos, permitiendo probar curas para el glaucoma o la ceguera por diabetes de forma ética y acelerada mediante terapia génica (medicina para los genes).
Escribe REDACCIÓN REVISTA ETIQUETA

































