Cartas de amor de tablillas romanas a la era digital

Una carta de amor es una expresión de afecto por escrito que, independientemente de su canal de envío, varía desde un mensaje breve hasta una descripción extensa de sentimientos. De acuerdo con la enciclopedia Wikipedia, este concepto constituye la base de la comunicación sentimental.

Según la investigación «Historia de las cartas de amor» de la autora Ana Inés Urrutia (publicada en el blog Sección Amarilla en 2019), el origen de estas comunicaciones se sitúa históricamente en la antigua Grecia. No obstante, el autor Simon Garfield sostiene en su libro Postdata que las piezas de esta época, que han sido conservadas, carecen de emotividad e intimidad.

Urrutia destaca que, a principios del siglo I d.C., los romanos formalizaron el romance escrito mediante finas tablillas de madera que funcionaban como sobres. En su obra clásica “El arte de amar”, el poeta Publio Ovidio Nasón ya recomendaba analizar estas misivas con cautela para verificar la sinceridad del pretendiente.

De esta época sobreviven testimonios intensos, como los de Plinio el Joven (orador, escritor y político romano) y su tercera esposa Calpurnia; o las confesiones del emperador y filósofo romano Marco Aurelio, (Marcus Annius Verus), quien escribía frases tan sentidas como “Acepta las cosas a las que el destino te ata y ama a las personas que el destino te trae, pero hazlo con todo tu corazón”.

Durante la Antigüedad Tardía y gran parte de la Edad Media, el reporte histórico indica que las cartas de amor desaparecieron debido al analfabetismo generalizado y la censura eclesiástica, que controlaba estrictamente los contenidos permitidos.

La investigadora Urrutia, también relata que, en el siglo XII, el filósofo Pedro Abelardo y su pupila Eloísa protagonizaron una de las historias de amor más conocidas de la época. Abelardo admitió que utilizó sus estudios académicos como pretexto para entregarse a la “ciencia del amor”, prefiriendo el uso de las misivas porque, según afirmaba, resulta más fácil ser atrevido por escrito que de palabra.

Estos instrumentos de comunicación, que a menudo se guardaban bajo la almohada, contenían no solo palabras, sino «pedazos del alma» del escritor. Así lo deja ver José Luis Perales Trejo, en el portal CIO’s Latam, en su trabajo denominado «Del Papel a la Pantalla: La Evolución de las Cartas de Amor en la Era Digital». Trejo describe que estas cartas viajaban largas distancias, llevando consigo anhelos y pasiones, para reposar en manos temblorosas y ser leídas bajo la luz de una vela o la luminosidad de un día soleado. Eran tangibles; podían ser olidas, tocadas y guardadas celosamente en una caja de recuerdos.

Sin embargo, en ese mismo trabajo se asegura que la tecnología cambió el paisaje del amor y la expresión, pues la era digital ha transformado profundamente la manera de comunicarnos.

Los correos electrónicos, los mensajes instantáneos, los SMS y las redes sociales han reemplazado a la tinta y el papel. “Lo que una vez tomaba días o semanas para ser entregado, ahora se transmite en segundos, cruzando océanos y continentes con la facilidad de un suspiro”, dice el autor.

Para él, esta transición no es meramente logística; ha creado un nuevo código del romance, más directo y adornado con emojis y GIFs. Aunque la rapidez de la era digital pone a prueba la profundidad de lo que se dice, la esencia sigue siendo el mismo, el anhelo de conectar y ser comprendido, agrega Perales.

Con un pie en el pasado y otro en el futuro, se sigue adelante escribiendo la próxima carta de amor, no con tinta, sino con la luz de las pantallas. Siempre quedará el recuerdo de que, en el corazón de cada mensaje, ya sea enviado a través de ondas digitales o escrito en un trozo de papel, yace el latido del corazn humano.

Escribe Redacción Revista Etiqueta