Adiós al Rojo Valentino

Valentino Garavani, el diseñador italiano que definió el concepto del glamour global durante la segunda mitad del siglo XX, falleció el lunes 19 de enero en su residencia de Roma a los 93 años.

Nacido en Voghera en 1932, Valentino Clemente Ludovico Garavani mostró una temprana inclinación por el diseño. A los 17 años se trasladó a París para estudiar en la École des Beaux Arts y en la Chambre Syndicale de la Couture Parisienne. Tras formarse como ayudante de Jean Dessès y Guy Laroche, regresó a Italia para fundar su propia casa de modas en la Via Condotti de Roma hacia 1959, contando con el apoyo inicial de su familia.

El destino de su firma cambió cuando conoció a Giancarlo Giammetti, quien se convirtió en su socio comercial de por vida. Juntos superaron una quiebra inicial y trasladaron la sede a la Vía Gregoriana, calle histórica en Roma, donde Valentino comenzó a atraer la atención de las celebridades que visitaban la «Ciudad Eterna».

«Rojo Valentino»

La estética de Garavani se centró en resaltar la elegancia femenina a través de rigurosos patrones, encajes y bordados. Su nombre quedó vinculado permanentemente a un tono específico de rojo amapola, conocido mundialmente como «Rojo Valentino».

Su capacidad para vestir a las mujeres más influyentes del mundo consolidó su fama. Destacan:

Elizabeth Taylor: En 1961, la actriz utilizó un diseño suyo para el estreno de Espartaco en Roma.

Jackie Kennedy: En 1968, la ex primera dama eligió un vestido blanco de Valentino para su boda con Aristóteles Onassis.

La «Colección Blanca»: Ese mismo año, su propuesta All White lo situó en la cima del diseño italiano por su limpieza y distinción.

Ídolo de la alfombra roja

Aunque el diseñador expresó en diversas ocasiones su aversión por las tendencias de los años 80, su negocio experimentó un crecimiento exponencial en esa década, convirtiéndose en el mayor exportador de moda de Italia en 1986. En los años 90 y 2000, su marca dominó las alfombras rojas de Hollywood; figuras como Julia Roberts y Jennifer López lucieron sus creaciones en momentos clave de sus carreras.

Retiro y legado cultural

Valentino se jubiló en 2008 con una celebración de tres días en Roma. Su vida y su meticuloso método de trabajo quedaron registrados en el documental de 2009, Valentino: The Last Emperor.

En sus años de retiro, Garavani mantuvo una presencia activa como mentor y espectador en primera fila de los desfiles de sus sucesores, Maria Grazia Chiuri y Pierpaolo Piccioli. Residía entre su finca en Francia y su yate, rodeado de sus perros carlinos, manteniendo siempre la formalidad y el rigor que exigía en sus talleres.

Bajo la premisa de «saber lo que las mujeres quieren: ser bellas», Valentino Garavani construyó un imperio que trascendió la ropa para convertirse en un símbolo del éxito y el estilo de vida italiano.

Un funeral vestido de leyenda


El funeral de Valentino Garavani en Roma no fue una despedida común; fue un cierre coherente en la ciudad donde construyó su imperio y consolidó el lujo italiano. En un gesto cargado de simbolismo, los asistentes, desde diseñadores y editores como Anna Wintour y Tom Ford, hasta actrices como Anne Hathaway, acudieron vistiendo creaciones del propio maestro.

Este acto, lejos de ser vanidad, funcionó como un lenguaje de respeto profundamente arraigado en la moda: despedir a un creador usando su propia obra.

Los símbolos de una despedida íntima
Más allá del protocolo, la ceremonia destacó por los detalles que reflejaron la sensibilidad y los vínculos personales del diseñador:

Capilla ardiente en blanco: A diferencia de su icónico «Rojo Valentino», su féretro descansó en el Palazzo Valentino rodeado de un entorno blanco absoluto, bajo una pérgola de anémonas, camelias y dalias. Por allí desfilaron más de 10,000 personas.

El tributo de Giancarlo Giammetti: Su socio y compañero de vida ofreció el mensaje conmovedor: «Gracias por enseñarme la belleza». Destacó que Valentino jamás «disfrazó» a la mujer, sino que la respetó con una elegancia que nunca fue ridícula.

El rojo de Donatella Versace: Fue la única en romper el luto riguroso al vestir de rojo, un tributo doble: al color insignia de Valentino y a la amistad que el diseñador brindó a los Versace tras la muerte de Gianni.

Flores y ausencias: Aunque clientas como Rania de Jordania o Jennifer López no pudieron asistir, el cariño se sintió en la distancia. Sophia Loren envió flores blancas, mientras que Claudia Schiffer lo despidió con una sola rosa roja.

Música con significado: Junto a piezas de Mozart y Schubert, el féretro salió de la basílica al ritmo de Il nostro concerto, un clásico italiano de 1960 que celebra el amor entre hombres, un guiño a su propia historia de vida.

Fiel a su deseo de privacidad: Valentino fue enterrado en el cementerio Flaminio de Prima Porta. Descansa en un mausoleo circular diseñado por él mismo y Giammetti. En la cripta, de manera sencilla y eterna, solo figuran dos nombres: Garavani y Giammetti.

Su partida confirma que, en la moda, el homenaje final no necesita discursos grandilocuentes: el respeto se manifiesta de forma silenciosa a través de una costura perfecta.

Escribe REDACCIÓN REVISTA ETIQUETA