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golf: reto verde (EL ALARIFE)

Una gran alfombra verde, suave, mullida es lo que sugiere la visión de un campo de golf en la ciudad. Sobre sus dunas artificiales  salpicadas de  lagos se  sellan pactos, se estrechan amistades. La verde grama y  el cielo azul han sido testigos silentes de infinidad de conversaciones y  de innumerables chistes. Todas estas razones y algunas mas fueron las que llevaron a Carlos Alberto Blanco a interesarse en el golf, un deporte singular -sin duda- especialmente  para quien lo juega, porque el reto es consigo mismo y con la cancha. 

“No tienes que ser un experto para jugar golf” apunta Carlos Alberto Blanco y lo dice con conocimiento de causa porque hace ya diez años que lo practica. “Al principio, por supuesto, es necesario tomar algunas lecciones para conocer las reglas y familiarizarse con el equipo, pero poco a poco el placer que brindan la concentración  y el tiempo requeridos para practicarlo te van conquistando. De hecho, según reza un adagio muy difundido entre los amantes de este deporte, el golf y el sexo son las dos únicas cosas que se disfrutan por igual, no importa si eres experto o no. Naturalmente, el tiempo de práctica y las destrezas adquiridas durante la misma redundan en mejores resultados.”

Como es sabido el objetivo del juego es introducir la pelota en cada uno de los 18 hoyos con el menor número de “golpes” posibles. Durante el recorrido de un agujero al otro van apareciendo  obstáculos, pequeñas lagunas o lagos, cúmulos de arbustos, extensiones de arena y otros. Estas largas caminatas  por el campo propician la amena conversación y ¿por qué no? la  meditación porque los jugadores están inmersos en grandes extensiones donde la naturaleza manda y el silencio sólo es interrumpido por la amena charla o la aprobación de los compañeros cuando el golpe es certero y la pelota desaparece en la grama.

Curiosamente este juego que hoy relacionamos directamente con la ciudad y sus alrededores tuvo su origen entre los pastores escoceses, en el lejano siglo XV. En ese entonces, estos trabajadores dedicaban parte de sus horas muertas a golpear con palos guijarros pequeños  del camino hasta llegar a una meta. Actualmente, es un deporte que aglutina millones de aficionados alrededor del mundo y que recauda importantes sumas de dinero en torneos destinados a fines benéficos. 

Contrariamente a la mayoría de los espacios requeridos para la práctica deportiva no precisa de una superficie estandarizada. Las normas internacionales sólo establecen que la suma total de los recorridos parciales sea mayor a 6.400 metros en el caso de campos para competencias internacionales. En los campos de interés turístico y de solaz esparcimiento pueden tener dimensiones inferiores a ésta.

Países como Estados Unidos, Inglaterra, Escocia, Irlanda, Japón, Nueva Zelanda, Portugal y España cuentan con una importante cantidad de canchas, tanto de atractivo turístico como para contiendas profesionales. Esto trae como consecuencia, que en esos países el golf no sea un deporte elitista sino de amplia convocatoria. En la actualidad también hay importantes campos de golf en Buenos Aires, República Dominicana y México.

Arquitectura verde
Pero estas grandes extensiones naturales donde se desarrolla el golf requieren de servicios para el disfrute pleno de los jugadores. Restaurantes, bares, piscinas, salas de juego y descanso, vestuarios, tiendas y un sin fin de espacios se han creado como dignos complementos a los campos de golf. Etiqueta hizo para ustedes una selección de algunas de las más destacadas por sus valores estéticos.

En México, en la  localidad de San Luís Potosí, se ha inaugurado recientemente el Loma Club de Golf cuya casa club es obra del reconocido arquitecto Javier Sordo Madaleno quien, con su propuesta arquitectónica, ha despertado mucho interés por la respetuosa  integración de esta edificación a la hermosa naturaleza del entorno.

En Huesca, España una imponente edificación que contrasta con el verde se levanta sobre las dunas del Margas Golf. Su sencilla volumetría exhibe una amplia fachada de ventanas azules sobre fondos de colores estridentes; suerte de cuadro multicolor que cubre el pasto-lienzo.

El juego de volúmenes revestidos de blancas piedras y rugosa textura se quiebra para dar acceso a una pulida fachada de vidrio. Esa es la imagen que nos ofrece la Casa Club de Golf Tres Marías en Morelia, México. Que cuenta con dos sinuosas piscinas cuyos fondos de mosaicos intensifican la añil presencia del agua.

Pero no todo está dicho. Actualmente se proyecta en Holanda el mayor campo de golf techado del que tengamos noticias. Se trata de Indoor Golf Projet, un campo de juego de 14.000 m2 cuya cubierta semeja una gigantesca gota de mercurio posada sobre la grama artificial. La techumbre se articula como una gran columna vertebral de la que brotan “costillas” metálicas unidas por enormes extensiones de vidrio para dejar entrar toda la luz natural. Lo que pretende este campo enteramente techado es proveer a los más fieles jugadores de golf de un campo apto para ser disfrutado los 365 días del año. Sus creadores Zwarts & Jansma Architects no han escatimado en recursos económicos y tecnológicos para llevar a feliz término este proyecto sin igual.

Así que, si le interesa practicar un deporte que le brinde tiempo para compartir con sus amigos; iniciar nuevas relaciones en amena charla; disfrutar de tiempo y espacio a cielo abierto, unas cuantas lecciones primarias pueden abrirle las puertas de este juego relajado y gratificante. Eso si, el único riesgo es que al cumplir el objetivo de insertar la pelota 18 veces, decida permanecer más tiempo del debido en el hoyo 19, o lo que es lo mismo: en el bar, que siempre estará esperándolo al final de esa jornada de relax.

Si es así, ¡salud!

Escribe MITCHELE VIDAL CASTRO

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