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Venecia en tiempo de la biennale (gente y arte)
CRÓNICAS DE VIAJE

De muy joven tuve la fortuna de conocer esa ciudad milagro llamada Venecia, ciudad de un largo amor, a la que estoy unida como una novia pródiga quien promete volver. Cada dos años, regreso a caminarla y a explorarla, justo en los meses cuando se desarrolla La Biennale  Internacional de Arte. Abandonada al asombro que me produce su arquitectura y esa sensación de estar en otro mundo, es el mejor regalo que me doy. Llego feliz y melancólica me voy. Este año me tocó abrazarla en Junio.

Además de la usual visita al Giardini y al Arsenale en donde se encuentran el Salón Internacional y los pabellones de los países participantes, no quería  perderme la colección del Palazzo Grassi y  el Museo de Punta della Dogana, el nuevo  it place de la  ciudad,  territorio en el cual ha puesto su mano y fortuna el billonario francés Francois Pinault, ganándose el apodo de Dux.

Este coleccionista y mecenas de las artes, ha decidido a sus 72 años dejar su imperio  de artículos de lujo que incluye al grupo Gucci, la casa de subastas Christie’s y los vinos Chateau Latour, a su hijo Francois Henri,  el mismo quien se casó en el mes de abril con la actriz mejicana Salma Hayek, para poder dedicarse de lleno a su verdadera pasión: el arte.
Muchas fueron las peripecias de Pinault en yunta con el famoso arquitecto el japonés Tadao Ando, para terminar a tiempo los trabajos de Punta della Dogana, con la resultante de convertirse en la comidilla que acaparó chismes y levantó controversiales opiniones ante la inminente inauguración de la quincuagésima tercera edición de la Biennale de Arte, la cual abrió sus puertas a principio de junio para finalizar en  octubre de este año.

Entre los artistas premiados  con el codiciado León de Oro estaba nada menos que Yoko Ono, la viuda de John Lennon, quien con emocionadas palabras agradeció al jurado y en especial al guapísimo Daniel Birnbaum, Director de la Biennale para esta edición. Otros ganadores  fueron el norteamericano Bruce Nauman, quien  presentó sus Jardines Topológicos en el pabellón ganador de Estados Unidos.

Después de la gala inaugural le élite se fue a almorzar al Hotel Mónaco, donde una regia mesa para cuarenta personas estaba dispuesta a lo largo de la terraza que tiene una vista envidiable: el Gran  Canal y la Basílica de Santa María de la Salute, una de las más antiguas y más bellas de la ciudad, la cual fue erigida en 1630 para agradecer a la Virgen el fin de la plaga negra que azotó durante dos años,  diezmando a un tercio de la población europea.

La ciudad revivía sus momentos de gloria. Restaurantes, fuentes de soda, heladerías, bares y sucedáneos estaban tomados, aparte de los lugareños por turistas, artistas  y  gente bonita. Amén de una llamativa peregrinación de damas muy mayores de edad provenientes de Chicago. Se estima que un millón de personas estuvieron por los alrededores de la Plaza de San Marco.

Día 01: Giardini
En el vaporetto llegué  al Giardini, un gran parque donde se concentra la mayoría de los pabellones de las naciones participantes. Entre cipreses y sauces deambulé, mapa en mano, por los pabellones de cada país participante, admirando las exposiciones y propuestas de los más diversos artistas.

El León de Plata fue otorgado al muy ingenioso “The Collectors”, obra instalada en el pabellón de Dinamarca, Noruega, Finlandia y Suecia curado por Michael Elmgreen & Ingar Dragse e inaugurado por la propia Reina Silvia, quien se mantuvo muy cool durante la ceremonia a pesar de los naked men. Dicho espacio fue transformado  en la residencia de Mr. B, un señor probablemente arquitecto  a juzgar por el design de su vivienda, quien ofrece una  colección de muebles de firma envidiable. Todo parece indicar que fue asesinado por alguno de sus amantes quienes aparecen sentados  tal y como Adán los trajo al mundo, uno en una silla Vasily de Marcel Breuer, otro leyendo en la chaise longue de Le Corbuisier, otro sentado en un sofá de Jacobsen. Todo en el interior se mantiene intacto, mientras Mr. B aparece ahogado boca abajo, celular y llaves en el fondo de su propia piscina. Después vi a la reina en la Plaza San Marco, sentada con un grupo de amigos en el muy chic Café Florian, lugar predilecto de Lord Byron y en donde tantos poemas escribió y, dícese, pensó sus amores.

Otro pabellón memorable es el de Rusia, que bajo el título “Victory over the future”, presenta el trabajo de siete artistas:  Alexey Kallima, Irina Korina, Andrei Molodkin, Gosha Ostretsov, Pavel Pepperstein, Sergei Shekhovtsov y Anatoly Shuravlev, con curaduria de Olga Sviblova. “Ingenioso, diverso y muy bien ejecutado” según la crítica. Obtuvo una mención especial del jurado calificador.

El pabellón de Polonia presenta el trabajo del genial artista y maestro del videoarte Krzysztof Wodiczko. Guests consiste en un  gran salón oscuro rodeado de ventanales  en forma de arcos,  detrás de los cuales se suceden escenas diversas que el espectador aprecia como si estuviera sentado en el centro de varias vidas, observando lo que pasa en cada una de ellas. Conozco su trabajo desde los tiempos de la revista Estilo en la cual le dedicamos una portada. Wodiczko es realmente un poeta.

En el pabellón de Francia Claude Leveque, presenta una obra de luces  típica expresión de su excelente trabajo.

El pabellón de Venezuela presenta Mundos en proceso. Obras de Magdalena Fernández, Claudio Perna, Daniel Medina, Antonieta Sosa y Bernardita Rakos y curaduría de María Luz Cárdenas. Mejor que otros años en su conjunto; me gustó Zona intertropical, obra de Claudio Perna. Fue diseñado por Carlo Scarpa, el gran arquitecto veneciano. En este pabellón han expuesto artistas de la talla de Marisol Escobar y Alejandro Otero quienes en tiempos pasados ganaron premios y recibieron ovaciones de la crítica.

En el Pabellón Internacional me gustó la gran foto de la entrada de John Baldessari, otro galardonado con el León de Oro este año. La cafetería  era la obra del alemán Tobias Rehberger, un universo de cuadros y rayas pop emulando un comic con mesas sillas y sofás camuflados.

Día 2: Arsenale
Saliendo de Giardini caminé unos veinte minutos hasta llegar al Arsenale, un espacio creado de las ruinas de los antiguos astilleros y almacenes en donde se construían las flotas de la República de Venecia en el Siglo XV. La Corderie, La Artiglierie, La Gaggiandre y El Isolotto conforman 17.000 mts. cuadrados de espacio para las artes. Allí se instaló este año el Pabellón de Italia, uno de los mejores y las obras de artistas seleccionados por el curador Daniel Birnbaum y su equipo.

El chileno Iván Navarro con su obra “Threshold” y el argentino Tomás Saraceno con “Galaxy forming along Filaments, like droplets along the Strands of a Spider’s web” se roban el show.

A la entrada del Arsenale está la obra de la brasilera Lygia Pape “Tteia1C.” Un juego de luces que desde una altura de 8 mts. se interceptan creando una ilusión cinética de líneas en la oscuridad del espacio.

Escribe y fotografía CARESSE LANSBERG SENIOR

 

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