cena formal con el jefe
maestro de ceremonias
Cuando una pareja joven quiere halagar en su casa al jefe de cualquiera de ellos, no debe perder la perspectiva: son un par de anfitriones frescos, deseosos de ofrecer una velada agradable y divertida. Proyectar con alto nivel de incertidumbre lleva a resultados que nada tienen que ver con el objetivo principal de la velada.

Definitivamente una de las áreas más comunes donde se pueden poner a prueba nuestros conocimientos sobre las normas básicas de la etiqueta y el protocolo es delante de una mesa. Ese sitio donde tres veces al día –como mínimo– nos acercamos a realizar el acto natural de ingerir alimentos, elevados a la categoría humana gracias a esas pautas de urbanidad, ha sido el espejo y la referencia que distingue a una persona de otra muy bien educada.
Sigue vigente aquel dicho que le oíamos a nuestras abuelas según el cual “en la mesa y en el juego se conoce a una persona” o quizás, una referencia más maquiavélica emitida por un conocido embajador inglés –cuyo nombre me reservo- quien en una oportunidad se atrevió a confesarme que siendo él un hombre maduro, y la vida le ofrecía el amor de una mujer mucho más joven, para corroborar si la joven dama estaba interesada en él o en lo que podía ofrecerle, la llevaba a un restaurante de complicada mesa. De este método no tengo todavía referencias de su éxito, aunque puede dudarse del mismo pues conozco muchas mujeres vividoras pero muy educadas, por eso la reflexión de nuestras abuelas es insólitamente cierta. Sin embargo, hay que tener en cuenta algunas consideraciones.
La etiqueta en la mesa está diseñada para hacer la vida más fácil. Estas normas tienen sus bases arraigadas en la cortesía hacia los demás no importa su condición personal y social. Erróneamente muchos creen que estas reglas fueron creadas para complicar la vida del ser humano más de lo necesario pero no es así. Una vez que se conocen y practican las situaciones fluyen más fácilmente.

Por otro lado, no intente aprender muchas de ellas a la vez, pues nunca terminará aprendiendo nada bien. Si cree que puede mejorar algo, aplique un tiempo en perfeccionar una sola área y cuando ya la maneje, pase a otra cosa.
El solo hecho de aprender a usar adecuadamente el cuchillo, el tenedor y la servilleta es todo un avance y una gran conquista. Tómese su tiempo.
Comida formal con sentido común
En esta oportunidad vamos a tratar el caso de una pareja joven que recibe a cenar en su casa al jefe de cualquiera de los dos con una invitación formal.
La primera regla a respetar para este reto social es la de no complicarse la vida. Sí, leyó muy bien, no compliquen las cosas. Nada de platos grandes, platos medianos, platos pequeños, ni mucho menos hilera interminables de cubiertos y copas. Esta situación es válida en una cena en una embajada por ejemplo, pero en una pareja de jóvenes es totalmente fuera de lugar.

Además, si para colmo no se tiene el personal adecuado acostumbrado a manejar esas situaciones no lo hagan. Olvídense de pedirle prestada la señora de servicio a su mamá o tratar de inculcarle a la muchacha que nos ayuda en la nuestra el “sacrosanto ritual de la mesa formal” en solo cuarenta y cinco minutos. No funciona. A la hora de los nervios también comienza el momento de las equivocaciones.
Solo traten de evidenciar lo que son, un par de jóvenes que quieren ofrecer una atención a su superior profesional y su esposa.
De manera que, se debe planear todo de forma tal que ustedes los anfitriones puedan manejar la situación, atender cómodamente a sus invitados y lograr una atmósfera relajada que les asegure el resultado del objetivo por el cual se planteó la invitación.
Sugerencias
Teniendo como norte lo señalado anteriormente, vamos a comenzar hablando de la forma de distribuir los comensales en la mesa. Según se evidencia en las gráficas la forma de dos frente a otros dos. Esto, además de reflejar ese espíritu juvenil y novedoso, aseguran la intimidad entre invitados y anfitriones.
Quizás algunos puristas exigirán el sistema inglés o francés de ubicación de comensales con dos presidencias, pero creemos que las normas de etiqueta no son un corsé sino más bien un traje hecho la medida de las circunstancias. A los aludidos, se aceptan críticas y opiniones.
Seguimos con los platos y los cubiertos. Aquí busque lo mejor que tenga. Una bella vajilla de porcelana y, si lo posee, un impecable juego de cubiertos de plata. Esto será la elección más adecuada, igual sucede con la cristalería. Sin embargo, manteniendo la idea de simplicidad, sólo utilice dos juegos de cubiertos. Uno para la entrada y otro para el plato principal, sin olvidar los cubiertos de postre los cuales serán elegidos según sea este alimento. Igual recomendación para las copas: una para el agua y otra para el vino es suficiente.

Una idea práctica es tener cerca de la anfitriona una pequeña mesa donde ubique ciertos implementos que pueda necesitar a lo largo de la velada y así no necesita levantarse a cada momento a buscarlos en la cocina. Pero tenga presente que si no poseen personal de apoyo, la anfitriona puede levantarse de la mesa en algún momento de las comidas. Esta situación seguro llevará a la esposa invitada a querer auxiliarla. No se oponga a eso y quizás esta ayuda le permitirá intimidar con esa persona que delante de su esposo se muestre callada y hasta poco comunicativa.
Por ultimo, la regla más importante, si invita a alguien a su casa es para hacerlo pasar un buen rato. Haga todo lo posible para sentirse relajada y generar la imagen creíble y natural que haga sentir a los anfitriones también como conocedores de la etiqueta en la mesa. Eso les dará una seguridad que sólo las personas entrenadas en estos menesteres pueden proyectar.
Mucho éxito en este próximo evento y si tiene interrogantes no duden en hacérmelas saber.
Agradecimientos: NiNI & AMALIA / LAURA y MAURO SAMBELLI / Familia BENAIM SÁNCHEZ
Vajilla: URBAN NATURE, de VILLEROY
Copas de colores: SAINT LOUIS
Copas transparentes: EISCH
Copas champagne: EISCH
Cubiertos: CHRISTOFLE
Accesorios: ROSENTHAL
.Escribe FRANCOIS WEFFER
Fotografía LILIANA MARTÍNEZ