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vinos de historia, trabajo y sapiencia: rioja, siempre rioja
le tastevin

La región vinícola más conocida de España no se duerme en los laureles de su fama legendaria y apunta a conquistar el mercado mundial con su esencia como principal argumento

España ostenta la mayor extensión de tierra cultivada para la industria vitivinícola y, de 50 provincias que la componen, en 49 de ellas se hace vino. Así la variedad de muestras que podemos encontrar es tan amplia como los únicos vinos de Jerez, los cavas catalanes, los albariños o los blancos de Rueda; pero en cuanto a tintos de calidad, el nombre de Rioja se ha mantenido como referencia constante desde hace siglos.

En 1102, el Rey Sancho de Navarra reconocía jurídicamente la calidad de los caldos de esta comarca, y desde 1650 se documentan medidas que buscaban proteger su nombre y su calidad. Eran mostos muy diferentes a los que podemos consumir hoy en día; con métodos de vinificación antiguos y con escasos controles en la ciencia de la enología.

A mediados del siglo XIX, dos importantes personajes sirvieron de revulsivo para impulsar una necesaria evolución en la zona. En 1852, Luciano Murrieta, quien luego sería conocido como el Marqués de Murrieta, trajo barricas de alta calidad de Burdeos y aplicó nuevas técnicas en una bodega alquilada en Logroño.

Al mismo tiempo, Camilo Hurtado de Amézaga, construyó una bodega en Elciego con el firme propósito de instaurar métodos aprendidos en Francia. Terminó su construcción en 1860; aunque desde 1856 ya estaba en producción. Sus vecinos no comprendieron tanto esfuerzo económico que encarecería el producto final; pero luego cambiaron de parecer al llegar el éxito comercial. Don Camilo pasaría a la historia como el Marqués de Riscal, y hoy su bodega sigue siendo fuente de evolución para sus pares.

El crecimiento se vio interrumpido con el cambio de siglo debido el ataque de la filoxera –insecto parásito de la vid– y a la Primera Guerra Mundial. Debió llegar la década de los veinte para consolidar la industria y apuntalarla con la creación del Consejo Regulador en 1926. La dinámica legal española permitió en 1945 la regularización del Consejo, que tomó pleno derecho en 1947 y pudo decidir sobre temas vitales como replantación, rendimiento, podas y crianza.

Se inició una lenta recuperación de la calidad en un panorama interesante; pues los jóvenes volcaron su interés hacia las copas y el crecimiento del mercado mundial reconfiguraba la industria. Fue el momento cuando apareció Enrique Forner para producir otro importante cambio introduciendo nuevas técnicas bordelesas. Creó la Unión Vitivinícola en Cenicero, se trajo a Emile Peynaud, sin duda el personaje más importante en la enología moderna, y juntos trabajaron en potenciar los riojanos empleando nuevas tecnologías como los tanques de acero inoxidable, fermentación bajo temperatura controlada, y una crianza sumamente cuidada. Así nació Marqués de Cáceres, con una clara tendencia a extraer lo mejor del tempranillo de la Rioja Alta.

El Ebro es el río que domina geográficamente la región, y además sirve de frontera natural para las 3 zonas de la componen, la Rioja Alta, la Rioja Baja, y la Rioja Alavesa, que se extiende hacia el norte vasco.

En cada una las uvas aportan diferentes características al vino. Las más cotizadas son la Rioja Alta y la Rioja Alavesa. En la primera, las bajas temperaturas propician un grano de piel más gruesa, taninos más densos, complejidad aromática, acidez natural y fruta madura. Una combinación armoniosa de todos los elementos que presentan los grandes vinos. Un estilo que aún conserva esa rica nariz característica a pesar de los grandes avances que la tecnología ha permitido.

En la Rioja Alavesa las vides ofrecen una mayor intensidad aromática resaltando su carácter frutal. Sin embargo, adolecen de esa acidez y estructura tánica que le favorece en la crianza. Es por ello que algunas bodegas apelan a combinar los orígenes. Es el caso de El Coto, ubicados en Oyón (Alava) y que se surte de un viñedo propio en Cenicero (Alta) y de uva de productores seleccionados en Alava.
Las cepas tintas que autoriza el Consejo Regulador son el tempranillo, el graciano, el mazuelo y la garnacha. Precisamente esta última variedad encuentra su mejor expresión en la Rioja baja, donde pueden producir muy buenos vinos cuando se le deja madurar completamente. Por su parte, en los blancos se permite el uso de viura, malvasía riojana, y garnacha blanca. Sin embargo, recientemente se aprobó el empleo de chardonnay, sauvignon blanc y verdejo, junto a las autóctonas tempranillo blanco, maturana blanca y turruntés riojana.

El tiempo que el vino pasa en barrica y en botella determinará su estilo. Los vinos jóvenes no tendrán madera o tendrán muy poca. Los crianza son vinos que tienen dos años de guarda, y al menos uno de ellos en barrica para poder salir a la venta. Los reserva pasarán al menos 36 meses de guarda, de los cuales al menos 12 serán de barrica. Los grandes reservas solo se producirán en añadas excepcionales, y habrán tenido como mínimo 2 años en barrica y tres más en botella. Estos tiempos suelen ser superados por mucho por las bodegas para garantizar la calidad del producto final. El Consejo Regulador realiza una cata de cada tipo de vino antes de imprimir el sello que lo identificará como un auténtico riojano.

Todo el esfuerzo de miles de hombres y mujeres llega a su apogeo en cada vendimia, y logra su cometido cuando el consumidor final abre una botella y descubre el carácter complejo en cada copa, con esos tonos típicos del buen vino del viejo mundo que los grades de riojas no han dejado de brindarnos.

FABIÁN LUGO

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